Hoy en la noche decidí que, en unos años, probablemente me voy a marchitar, como la flor más alejada del núcleo. Mis pétalos caerán anualmente, de la misma forma en la que cae mi esperanza. El tiempo no perdona.
Quizá sea como un girasol: uno que conserva algunos pétalos incluso estando moribundo. Pero eso solo sería posible si fuera un girasol encerrado en un florero, uno que alguien decidió conservar.
O quizá sea un girasol que nunca fue cortado. Uno que creció libre, pero al que nunca le llegaron las manos, ni las miradas, ni las oportunidades.